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De las CUP, los hijos, el corralito y la revolución

De las CUP, los hijos, el corralito y la revolución

ANDRÉS ABERASTURI. PERIODISTA

Andrés Aberasturi

Eulalia Reguant, diputada de la CUP, se ha mostrado muy partidaria del tristemente célebre ‘corralito bancario’ a partir de la declaración de independencia: “hacemos un control de capital y de flujos en Cataluña para garantizar, al menos durante un tiempo, dar la capacidad de funcionar a la república” y ya han pedido dejar de trabajar con La Caixa (Caixabank), Banc de Sabadell y el BBVA.

Mireia Vehi, también de la CUP, dijo en su momento que la Unión Europea (UE) “es una amenaza para las clases populares”, y apostó por romper con esta unión de Estados y con el euro, así como por dejar de pagar la deuda pública.

En su ideario las CUP detallan los países que tendrán prioridad en su política exterior: ‘Venezuela, Cuba, Colombia, Sáhara, Palestina, Kurdistán, los países del ALBA (o sea, la Alianza Bolivariana) y Euskal Herria’.

Sobre cómo sería regulado el proceso, también está pensado: “El movimiento popular operará como garantía para que ni la estructuras de partido ni los intereses oligárquicos frenen la potencialidad de ruptura del proceso constituyente. Con esta finalidad, se crearán órganos observadores formados por personas escogidas por sorteo, como los jurados populares electorales”.

Anna Gabriel, que intervino en nombre de las CUP en la estrambótica última reunión del Parlamento de Cataluña defiende “tener hijos e hijas en común, en colectivo” y que los eduque ‘la tribu’ que es “el modelo familiar de muchas culturas en el mundo”.

Sólo son algunos ejemplos de la ideología —respetada, desde luego, aunque no compartida por un servidor— de quienes quitaron a Mas, pusieron a Puigdemont y ahora han heredado la calle tras el sí pero no de la DUI.

Recapitulo: tal vez sea la edad, pero no me creo yo que los hijos de mi vecino sean tan hijos míos como los propios; a ver, que se les puede querer mucho e invitar a los cumpleaños, pero mis hijos son mis hijos y los del vecino, del vecino. Este sentimiento, según la líder de la Cup Anna Gabriel, me convierte en persona muy conservadora. Lo de la tribu me parece bien, pero es que ya ocurre: la tribu es la familia, el barrio, la escuela, los amigo, internet, la televisión etc.

Del afán de imponer un corralito, poco que decir: pregunten a quienes lo han sufrido. Y de los países que tendrían prioridad, decida el lector mismo.

Lo que resulta difícil de entender es que la burguesía catalana comulgue con estos principios o no los quiera creer. Pero no sólo la burguesía, es que este pensamiento está absolutamente desfasado, superado y demostrado que no funciona. Tampoco el capitalismo, pero si hay que elegir, prefiero no tener ‘guardianes de la revolución’ en mi barrio. Tal vez sea por la edad, insisto, pero no sé si por la mía o la suya.

Source: Noticias 20

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