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Carta a los rumiantes del 'procés'

Carta a los rumiantes del 'procés'

IRENE LOZANO. ESCRITORA Y DIRECTORA DE THE THINKING CAMPUS

Irene Lozano

Un ataque de nervios recorre el país y la Consejería de Sanidad de Cataluña se ha dirigido a todos nosotros, queridos rumiantes, para recomendar que nos lo tomemos con humor y consumamos menos información. No me refiero a los ciervos que leáis esto y que masticáis la hierba dos veces de toda la vida, sino a las personas que rumiamos pensamientos relativos al conflicto con Cataluña. O sea, todos. El runrún gutural se nos ha incrustado en el tímpano, se nos aparecen puigdemones en el insomnio nocturno y, si dormimos algo, despertamos empapados en sudor tras sufrir la pesadilla de que un flequillo cortado a hacha se independiza…

Las consultas a psicólogos y psiquiatras aumentan estos días en nuestro país, porque la incertidumbre respecto a cómo se resolverá el conflicto con la Generalitat nos está afectando en nuestra vida cotidiana. No es la primera vez que una situación política desata ansiedad en la población. Hace un año, cuando Donald Trump estaba a punto de ganar las elecciones americanas, ocurrió también en Estados Unidos. Los psicólogos y psiquiatras contaron que la mayor parte de sus pacientes se sentían estresados ante la hecatombe que se avecinaba. Luego se han hecho: el ser humano se adapta a todo.

Rumiamos pensamientos, porque nos ocurre como a los camellos con la hierba: no tenemos dientes en el cerebro y debemos engullir tal cantidad de información, que se nos queda en la corteza cingulada, deambulando 24 horas al día, siete días a la semana. La cosa ya era complicada antes del miércoles. Se habían dado ataques de angustia en grandes entidades bancarias y empresas multinacionales, a las que el Gobierno recetó un decreto ley para facilitar su cambio de sede y apaciguar su estrés. Pero ¿qué pasa con el catalán de a pie, que quiere que su casa siga siendo España, y le dicen que eso no lo cubre la Seguridad Social? ¿Qué pasa con la independentista de pro, cuyo corazón estalló de alegría con la declaración de no independencia de Puigdemont, para desesperarse ocho segundos después?

Resultó todo tan confuso, que los propios analistas y periodistas que debían contar qué estaba pasando se volvieron rumiantes ellos mismos. Imaginaos cómo debieron de rumiar en Moncloa, hasta llegar a tomar la decisión de preguntar al presidente, no lo que había dicho, sino lo que había querido decir. Ahora estamos esperando a ver qué contesta. La crisis de Estado ha devenido crisis de ansiedad nacional. 

Source: Noticias 20

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